Carolina Tohá, alcaldesa de Santiago: “Generar terrenos para vivienda social en zonas periféricas trae serios problemas”

La comuna que encabeza la vio nacer en la Clínica Central, ubicada en San Isidro, luego crecer en el barrio del Parque Forestal y en 1973 partir al exilio a México junto a su madre. En 1984 volvió a recorrer los adoquines del centro como estudiante de la Escuela de Derecho en la Universidad de Chile. En todas esas experiencias rescata la vivencia de una comuna donde se reúnen personas de distinta condición social, cultural, ideológica y recientemente nacionalidad. Del encuentro de todos ellos surge la construcción de una comunidad que disfruta de su entorno. “Santiago está lleno de lugares maravillosos, de barrios escondidos, de lugares que son atractivos para los turistas, pero que a veces los mismos santiaguinos, que vivimos en esta ciudad, no los conocemos. Por eso que llamo a vivir nuestra ciudad y a conocer sus espacios públicos y lugares patrimoniales, como este Mercado Central”, sostuvo la autoridad durante el aniversario 472 de la comuna. 

La Región Metropolitana es un espacio muy segregado ¿de qué manera la comuna de Santiago contrarresta esa tendencia?
Lo primero es defender el carácter que tiene Santiago como un lugar integrado donde se acoge a personas muy diversas. Quizás Santiago es la comuna que más cumple un rol de ser un espacio de encuentro, donde convergen personas de distintos grupos sociales, de distintas edades, migrantes, visitantes, residentes, trabajadores, turistas, hasta manifestantes. Tenemos una gran responsabilidad en hacer que ese encuentro en la diversidad, sea una experiencia positiva, que aprendamos a convivir personas distintas, respetándonos a partir de las diferencias que existen. Y en particular, nos interesa que en Santiago puedan seguir teniendo un lugar distintos grupos sociales. Hoy, los que se sienten más amenazados son los de menores recursos por el alza del precio del suelo en la comuna, y por el tipo de desarrollo inmobiliario que ha habido en el último tiempo. Las personas de menos recursos les cuesta cada vez más mantenerse en Santiago, por eso hemos estado trabajado tan arduamente por hacer posible que hayan viviendas sociales. 

A partir de los ‘90s Chile y, en especial Santiago, se transformó en un lugar de residencia o trabajo de muchos migrantes, ¿cómo ha sido el proceso de integración? 
Hay cosas positivas que rescatar, y situaciones preocupantes que atender. Entre lo positivo, está la experiencia escolar donde tenemos establecimientos en los que existe una altísima matrícula de niños extranjeros o hijos de extranjeros, que han sido acogidos con mucho cariño y vocación por parte de muchos establecimientos. Allí se ha hecho un esfuerzo de innovación y creatividad para adaptar los proyectos educativos y acoger también la cultura, la identidad de estos nuevos estudiantes que vienen con su historia, con sus raíces, que quieren verse reconocidos también en su colegio. Por otra parte, en muchos barrios tenemos dificultades en materia de convivencia; ha sido difícil resolver contrastes culturales, horarios, hábitos de uso del espacio público. Eso que, a veces parte como un conflicto de convivencia, deriva muchas veces en violencia, lo que a la larga va creando una cultura de xenofobia e incluso de racismo. Por eso es importante ser proactivos en enfrentarlos y tener normas de convivencia que sean aceptables para todos, en las que todos se sientan incluidos y, por tanto, interpelados a respetarlas. 

Con el nuevo plan regulador de la Región Metropolitana, los problemas de movilización se acrecentarán en el centro de la ciudad ¿cómo lo enfrentará?
Generar terrenos para vivienda social en zonas periféricas trae serios problemas. Por ejemplo, tiempos de viaje muy largos, incentivos para el uso del vehículo particular, encarecimiento de la vida de las personas más pobres y de menos recursos y contaminación ambiental, muchas dinámicas que no son deseables. Por eso hemos sido partidarios que la ciudad priorice crecer hacia dentro, dar nuevas oportunidades residenciales en los barrios que ya existen, en ubicaciones más centrales y en priorizar de manera categórica formas de movilidad más sustentables como el transporte público, la caminata y el uso de la bicicleta, por sobre el transporte privado que debe ser reservado prioritariamente para los viajes que se hacen en horarios nocturnos, o los fines de semana. 

La religiosidad popular está presente en templos y calles de la comuna, ¿cuál es el significado que la municipalidad le otorga?
La religiosidad popular es parte de la cultura de Santiago, de nuestra tradición, de nuestro presente y de nuestra identidad. En esa religiosidad además existen expresiones muy diversas. Santiago es una comuna de barrios, donde hay parroquias que los vecinos visitan y hay también una cantidad relevante de templos evangélicos. Además, la comuna acoge iglesias que cumplen un rol metropolitano. Tal es el caso de la Catedral Metropolitana, por cierto, pero también de la Iglesia La Merced, la de Santo Domingo, la Iglesia San Francisco, que son verdaderos hitos que trascienden a nuestra comuna. Sentimos que esa religiosidad es parte de la vida de Santiago e incluirla, acogerla y facilitar que los ciudadanos la puedan ejercer, es también parte de nuestras obligaciones. 

¿Cuál es la importancia que otorga la municipalidad a la reparación de templos patrimoniales como las Parroquias Santa Ana, San Saturnino y la capilla de las ánimas?
Nos parece que éstas son tareas prioritarias. Chile tiene en materia de patrimonio eclesiástico muchas deudas que saldar. Y nosotros en Santiago podemos hacer nuestro aporte. Hemos estado activos viabilizando estos proyectos, resolviendo las observaciones que han tenido, los trámites de otorgamiento de financiamiento, y creo que tenemos avances importantes para que salgan adelante estas reparaciones. Creo que ello debiera ir acompañado con muchas otras tareas que nos esperan, quizás la deuda mayor –que es por la que ya hemos tenido comunicación con el Arzobispado, que nos ha ido contando sus planes en la reparación por tanto tiempo postergada- es la Basílica del Salvador, que es un patrimonio gigantesco de la ciudad que lleva en un estado crítico desde el terremoto del ’85. 

¿Cuáles son sus anhelos respecto a la remodelación de la plaza de Armas, la Catedral Metropolitana y el Salón Arzobispal?
El principal es recuperar estos espacios como los lugares de encuentro más emblemáticos de la ciudad. La Plaza de Armas es la plaza histórica más importante que tiene Santiago y sus hitos alrededor, como la Catedral y el Palacio Arzobispal son elementos constitutivos de la identidad del centro que por mucho tiempo han estado esperando reparaciones estructurales que hoy finalmente llegaron. Es una feliz coincidencia que lo que nosotros estamos haciendo en la plaza –que va a significar mejorar la iluminación, despejar el Portal Bulnes, traer servicios de wifi, mejorar el paisajismo- esté sucediendo de manera simultánea con la reparación de las fachadas de la Catedral y de las torres, y con el trabajo maravilloso que están haciendo con el Palacio Arzobispal que van a permitir recuperar ese espacio. Creo que le vamos a devolver a Santiago un hito de encuentro hermoso, que los ciudadanos van a disfrutar y espero que también aprender a cuidar. 

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